un perro labrador adulto comiendo pienso premium

Industria petfood: materias primas en evolución

Las industria petfood vive un momento muy interesante. El mercado crece, las mascotas se consideran parte de la familia y el nivel técnico del sector no deja de subir. Ya no basta con “tener un buen pienso”: hay que formular teniendo en cuenta las materias primas con rigor y ser competitivo en fábrica.

Desde el principio conviene dejar algo claro: aportamos soluciones e ingredientes de calidad alimentaria humana que se integran muy bien en la alimentación de mascotas: fibras, caldos deshidratados sin sal, aromas sin glutamato, emulsionantes, espesantes y estabilizantes. Y, sobre todo, acompañamos al fabricante como socio técnico, no solo como proveedor.

El mercado de petfood mantiene un crecimiento sólido, aunque más moderado que en los años de pandemia. Cada vez hay más perros y gatos en casa y, además, el gasto medio por mascota aumenta. En muchas familias, el saco de pienso o las latas forman parte del “carrito de la compra sensible”, a la altura de los productos que consumen las personas.

Hay dos tendencias claras:

  • El gato gana protagonismo, especialmente en alimento húmedo y snacks.
  • El canal especializado y online empuja gamas técnicas, de corte veterinario o “natural/funcional”.

En ese contexto, la industria petfood en cuestión de materias primas necesita herramientas que permitan diferenciarse sin perder seguridad, ni margen, ni escalabilidad.

Formular para mascotas hoy significa convivir con:

  • Normativa estricta.
  • Exigencias de trazabilidad.
  • Consumidores que leen la etiqueta con lupa.

Cualquier ingrediente o solución que entre en la cadena de valor debe ser seguro, trazable y técnicamente justificable. Y, si además facilita mensajes como “sin glutamato añadido” o “bajo en sal”, mejor todavía.

Desde la óptica veterinaria, la dieta impacta directamente en:

  • Salud digestiva.
  • Control de peso.
  • Función urinaria.
  • Bienestar articular y metabólico.

Las fibras adecuadas, caldos limpios y sistemas de textura bien diseñados ayudan a construir recetas que no solo “llenan el comedero”, sino que aportan valor clínico y preventivo.

Perros y gatos no pueden elegir leyendo la etiqueta. El filtro primario es sencillo: huele bien, sabe bien… o no. El reto está en conseguir palatabilidad muy alta sin depender de potenciadores de sabor polémicos. Aquí los caldos sin sal ni glutamato y los aromas de pollo, carne y pescado sin glutamato son aliados muy potentes.

No fabricamos harinas cárnicas ni grasas animales. Lo que sí aportamos es:

  • Fibras (bambú, trigo, avena, celulosa) de calidad alimentaria.
  • Caldos y fondos deshidratados de pollo, carne, pescado y vegetales, sin sal añadida y sin glutamato.
  • Aromas cárnicos y de pescado sin glutamato.
  • Emulsionantes, espesantes y estabilizantes adaptables a procesos de seco, húmedo y snacks.

Y no se queda en un catálogo. Trabajamos con el fabricante para definir aplicaciones concretas, ajustar dosis, validar en planta y alinear la solución con el posicionamiento del producto.

La fibra es una herramienta finísima cuando se usa con criterio. Permite:

  • Regular el tránsito.
  • Ajustar el volumen y la consistencia de las heces.
  • Modular la fermentación colónica y la producción de ácidos grasos de cadena corta.

En la industria petfood disponer de diferentes materias primas de fibra abre la puerta a formulaciones:

  • “Digestive care”.
  • “Control de peso”.
  • “Senior”, con tránsito más lento o menor actividad.

La fibra de bambú es principalmente insoluble. ¿Qué aporta en petfood?

  • Estructura, ayudando a mantener una forma estable.
  • Sensación de saciedad, interesante en dietas light o para animales esterilizados.
  • Apoyo en el control del tránsito sin generar una fermentación excesiva.

Además, tiene un sabor neutro, por lo que no interfiere en el trabajo aromático.

Las fibras procedentes de trigo y avena tienen un perfil más fermentable. Bien dosificadas, ayudan a:

  • Nutrir la microbiota intestinal.
  • Producir AGCC beneficiosos (como el butirato) para el colon.
  • Ajustar la absorción de agua y, con ello, la textura interna de la croqueta o el snack.
  • En pienso seco: permiten jugar con la densidad de la croqueta, la textura al masticar y los mensajes de salud digestiva.
  • En húmedos y semihúmedos: ayudan a evitar sinéresis y aportan cuerpo a patés y bocados en salsa.
  • En snacks funcionales: barras, galletas o sticks con un discurso de “digestivo” o “control de peso” que no se queda solo en el mensaje publicitario.

Nuestros caldos deshidratados de pollo, carne y pescado sin sal ni glutamato funcionan como una auténtica columna vertebral del sabor. No se limitan a “dar aroma”: aportan cuerpo, matices cárnicos reales y una identidad sensorial muy marcada, que el animal percibe de inmediato y que su cuidador reconoce al abrir el envase.

En dietas:

  • Renales y cardiacas, donde el sodio debe limitarse seriamente.
  • De exclusión o monoproteicas, en las que la procedencia de cada ingrediente cuenta.
  • De posicionamiento natural, que rehúyen del glutamato añadido.

Estos caldos permiten mantener un alto nivel de palatabilidad sin comprometer ni el perfil mineral ni la etiqueta.

  • Para añadir sobre pienso seco y mejorar la aceptación.
  • Calditos monodosis para gatos, ideales para subir la ingesta de agua.
  • Húmedos premium con notas aromáticas muy definidas y constantes lote a lote.

Los aromas sin glutamato que permiten afinar la palatabilidad con sutilieza. Se pueden ajustar perfiles:

  • Más cárnicos y ahumados para perro.
  • Más intensos en pescado o vísceras para gato.
  • Más suaves para dietas de uso veterinario diario.

Trabajando en capas (caldo + aroma + grasa), con materias primas para la Industria petfood puede construir perfiles sensoriales muy diferenciados, coherentes con la especie, la edad y el formato.

En patés, bocados en salsa o productos semilíquidos, la textura lo es todo. Un paté que exuda, una salsa que se separa de forma extraña son fallos que se perciben de inmediato.

Para evitarlos entran en juego:

  • Almidones funcionales con buena solubilidad y capacidad espesante.
  • Mezclas de espesantes y estabilizantes que mantienen la fase acuosa bajo control.
  • Sistemas que reducen sinéresis y mantienen la apariencia homogénea del producto.
  • Húmedos premium: patés firmes por fuera, cremosos al corte, sin pérdida de jugos.
  • Semihúmedos y snacks blandos: texturas elásticas, fáciles de masticar pero estables a temperatura ambiente.
  • Dietas de prescripción: salsas y bases manejables, que facilitan la ingestión en animales senior.

Al final, estos sistemas permiten que el producto se vea profesional, estable y apetecible durante toda su vida útil.

El trabajo real empieza cuando el fabricante comparte su objetivo:

  • Especie, etapa de vida y estado fisiológico.
  • Formato (seco, húmedo, snack).
  • Posicionamiento de mercado y restricciones de etiqueta.

A partir de ahí, se co-diseñan propuestas. Se ajustan dosis, se corrigen detalles de proceso… hasta que la formulación se comporta de forma fiable en producción industrial. Y ahí sí, la solución pasa a ser parte estable del portafolio del fabricante.

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